La pastora de yokais: romance y fantasía del folclor japonés

Semanario de letras inconclusas

Ella es Tsukiko.

Tsukiko es una mestiza de humano y kitsune.

Un kitsune es un yokai.

Un yokai es una criatura sobrenatural del folclor japonés.

¿Por qué les cuento todo esto?

Bueno, porque es la coprotagonista de mi próxima historia.

«La pastora de yokais» es una tierna historia de amor donde Akari, una humana solitaria y repudiada por su aldea, acoge a Tsukiko, una mestiza repudiada por humanos y yokais, tras un artero ataque de cazadores.

La historia podría ser un comentario sobre los prejuicios, el odio y la segregación, pero no es la intención. La única intención es contar la historia de dos almas solitarias que se encontraron en su momento de mayor necesidad, formando un vínculo que ninguna de ellas sabía que necesitaba o que quería.

Supongo que es lo que nos ha pasada a algunas. Llegamos a un punto en nuestras vidas donde todo parece gris, donde la monotonía nos aplasta, donde todas las salidas parecen llevarte de vuelta al mismo lugar y donde cada solución parece más de lo mismo.

Luego, alguien aparece. Esa persona que le devuelve el color a la realidad, que le pone música al silencio y que te toma de la mano para acompañarte a la salida que tú elijas.

Para algunas, es una bendición, el momento que marcó el principio de una historia de felicidad y reconciliación.

Para otras es su peor error; una decisión que las llevó a tocar fondo de una forma en la que nunca se lo habrían imaginado.

Pero para todas es un momento decisivo en su vida (un evento canónico, dirían por ahí).

Para Akari y Tsukiko será el momento de elegir entre dos caminos: uno lleno de obstáculos y dificultades, pero tomadas de la mano, o el camino «fácil» de la costumbre y el conformismo, donde no hay confrontación ni peligros… pero en el que deberán separarse.

Detrás de ellas, una sombra quiere tomar la decisión por ellas. Ahora, ambas deberán elegir entre alzarse juntas o caer por separado.

Alguien podría decir que es mi propia historia, pero…

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